Ricardo Alemán
En días pasados, Excélsior dio a conocer que la dirigencia nacional del PAN no ha descartado la posibilidad de impulsar la candidatura presidencial de un ciudadano independiente, no partidista, ajeno a su estructura de partido.
En la baraja de potenciales aspirantes a esa posición, aparecen caras bien conocidas, como Juan Ramón de la Fuente, José Woldenberg, Fernando Martí, Isabel Miranda de Wallace, Rafael Rangel Sostmann y Alfredo Elías Ayub, entre otros.
A pocas horas de conocida la lista de potenciales candidatos externos por el PAN, con la seriedad y la congruencia que los ha caracterizado, la señora Wallace y el señor Martí, declinaron ser considerados en esa baraja.
Pero lo interesante del asunto —más allá de que algunos creen posible ganar el premio mayor de la lotería presidencial por la vía independiente— es que cuando el PAN está a punto de procesar la candidatura de su aspirante a conducir su tercer gobierno, muestra la mayor debilidad de su historia. ¿De qué estamos hablando?
De una realidad apabullante para los azules, que luego de seis décadas de brega político electoral, de casi medio siglo de ser el partido de las aspiraciones democráticas, de los apóstoles de la democracia; y luego de su segundo gobierno presidencial, el PAN fracasó en la construcción de líderes capaces de ser alternativa de gobierno en una delegación política del DF o en un municipio, en un estado de la República, en el gobierno del Distrito Federal y, sobre todo, en la Presidencia de la República.
¿Dónde están las versiones modernas de Luis H. Álvarez, José Ángel Conchello, Manuel J. Clouthier, Carlos Castillo Peraza, Diego Fernández de Cevallos..? ¿Dónde están las nuevas generaciones y las nuevas caras del PAN, capaces del relevo generacional?
Lo cierto es que el PAN de Vicente Fox y de Felipe Calderón —en tanto presidentes de la República—, y las dirigencias partidistas del PAN de Luis Felipe Bravo Mena, de Manuel Espino, de Germán Martínez y César Nava —en tanto presidentes del partido—, fueron incapaces de construir estructuras partidistas capaces del recambio generacional y la construcción de nuevos liderazgos; de llevar a buen puerto a un partido que, si bien luego de medio siglo de lucha llegó al poder, lo cierto es que lo alcanzó cuando ya estaba desahuciado.
Al final de cuentas, parece que el tiempo confirmó uno de los mayores temores de Felipe Calderón —acaso el último doctrinario en la cúpula del PAN—, quien años antes de la exitosa elección del año 2000 —y cuando se convirtió en presidente nacional del PAN—, advirtió sobre un riesgo latente desde la última década del siglo pasado; el de perder al partido, al momento de ganar el poder. Dijo: "No podemos permitir que, al ganar el poder, perdamos el partido". Hoy la profecía parece cumplida.
Una larga enfermedad.
Pero también lo cierto es que la crisis que vive hoy el PAN en sus liderazgos, en su ideología, cuadros y políticos capaces de ser alternativa real de poder, no es solo un descuido, tampoco una fatalidad y menos un producto de la generación espontánea.
En realidad —lo quieran reconocer o no los señores del PAN y los jefes del poder azul—, el triunfo electoral y el fracaso doctrinario llegaron juntos al PAN. En realidad se trata de gemelos que por lo regular caminan de la mano. Y el partido azul no fue la excepción.
Y es que el problema se inició desde la segunda mitad de la década de los años 80, cuando llegó a la presidencia nacional del PAN un vigoroso militantes de toda la vida, Luis H. Álvarez, ex candidato presidencial, motor de las gestas que convirtieron a Chihuahua y a Ciudad Juárez en la cuna de la alternancia y la democracia en México.
Por cierto, algo muy grave hizo la clase política mexicana, toda, para convertir a Chihuahua y a Juárez, en el paraíso del terror y la violencia, luego que fue la cuna de la democracia y la alternancia.
A la llegada de "Don Luis" a la dirigencia nacional del PAN, también llegó la llamada "política total"; la apertura del partido a los grupos emergentes, empresariales y sociales que tenían vetada la entrada a la vida político partidista, en el PRI.
Entonces vino la explosión de liderazgos de todo tipo, sobre todo empresariales; llegaron los "Bárbaros del Norte", llegaron los capataces de empresa y florecieron los triunfos electorales.
Manuel J. Clouthier, Vicente Fox, Francisco Barrio, Carlos Medina, Ernesto Ruffo... y muchos otros que alcanzaron alcaldías importantes, gobiernos estatales y, claro, la Presidencia de la República. La explosión de liderazgos emergentes en el PAN fue tal, que en realidad el primer Presidente de la República panista, resulta que no era panista. En efecto, Fox le arrebató el PAN a los doctrinarios, como Felipe Calderón, para llegar al poder presidencial.
Al final de cuentas, en las décadas de los años 80 y 90, el PAN se nutrió de liderazgos empresariales, muchos de los cuales sólo participaron en una grosera rapiña del poder público.
¿La razón? Elemental, que no eran políticos profesionales, tampoco ideólogos y menos apóstoles de la democracia. Iban por el poder y el dinero, a través del PAN.
Así, en dos décadas —las de los 80 y 90—, nadie se preocupó por la formación de cuadros, por preparar el recambio de sangre en el PAN.
Y la debacle llegó con Fox, quien se convirtió en Presidente, pero no llevó a su gabinete a ningún panista de cepa. Pero la mejor evidencia del fracaso del PAN en el gobierno de Felipe Calderón, es que el partido lleva cuatro presidentes, ha tenido que recurrir a las vergonzosas alianzas con el PRD para detener al PRI —como ocurrió en los gobiernos de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, entre otros—, ya que, por sí solo, el PAN ya no es capaz de ganar una elección siquiera municipal, no se diga estatal y, claro, menos federal.
Lo cierto es que en Acción Nacional están prendidos todos los focos rojos, las sirenas de alarma, porque el partido y sus candidatos presidenciales, al Gobierno del Distrito Federal y a gobiernos estatales, hacen agua.
¿Qué significa, por ejemplo, que siga latente el debate en el PAN, sobre la necesidad de buscar un candidato presidencial externo; un candidato foráneo al gobierno del Distrito Federal; que significó la escandalosa derrota del PAN en el Estado de México?
La respuesta es muy fácil. Estamos ante el fracaso de la doctrina y la estrategia del PAN. Y si no, al tiempo.
Ya llegaron al Estado de México, el secuestro y crimen de alcaldes. Es el caso del edil de Zacualpan. ¿Y ahora qué van a decir?
Twitter: RicardoAlemanMx
Itinerario Político - Agosto 2011
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EL FRACASO DEL PAN
05-04-2012