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A un año de la elección presidencial de julio de 2012, las tres fuerzas políticas que estarán en competencia enfrentan un dilema político idéntico; el de la selección de su respectivo candidato presidencial.

Pero el problema no se reduce a la selección mecánica de uno de los aspirantes en cada partido. El problema va mucho más lejos, ya que en los tres partidos existe un puntero o un candidato con posibilidades reales de ganar, pero las burocracias partidistas y las mezquindades políticas los pueden dejar fuera. ¿De qué estamos hablando?

En efecto, de que los políticos, los gobernantes y --en general--, la clase política mexicana desconoce la grandeza. La estatura política para retirarse con grandeza de una contienda perdida, en donde poco o nada tienen que hacer, en donde su empecinamiento se traducirá en una tragedia o, en el mejor de los casos, en donde sólo harán el ridículo. Y contra lo que muchos suponen, el mayor problema aparece en la derecha y la izquierda mexicanas, ya que en el PRI, el dilema parece resuelto.

¿Qué hacen en la contienda presidencial del PAN, los secretarios Heriberto Félix, Javier Lozano, Alonso Lujambio y Ernesto Cordero, si no rebasan el 4 o 5 por cierto de las preferencias del electorado?. ¿Qué hace el gobernador Emilio González, cuyos números están por el suelo?. Está claro que tienen todo el derecho a participar, pero también es cierto que sus posibilidades de triunfo –en una elección interna y no se diga en la constitucional--, son prácticamente nulas?.


¿Por qué razón, en un gesto de grandeza, no se retiran y dejan que compitan los punteros en las encuestas;  Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota?. ¿Por qué no todos los pretensos azules --incluidos los aventajados Vázquez Mota y Creel, no aceptan abrir la posibilidad de un externo bien posicionado?. Está claro que ninguno de ellos conoce la grandeza. Todos creen, aseguran y alardean de que pueden ganar en la constitucional del 1 de julio de 2012.

Pero el asunto es aún peor en la llamada izquierda mexicana. Está claro que en ese sector existen dos precandidatos bien identificados; Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard. Es un hecho que el primero puntea entre la militancia del PRD, PT y Convergencia, pero también es cierto que AMLO es el precandidato con más negativos. Es decir, que por cada voto a favor, tiene cuatro en contra.


         La otra realidad, igual de contundente, es que Marcelo Ebrard supera a López Obrador en la preferencia de votación abierta; variable que lo convierte en el único candidato capaz de captar el voto de los electores antipriístas, de los que en una década se han decepcionado del PAN, y de todos aquellos que aún creen en la izquierda, pero que nunca votarían por López Obrador. Es decir, que Marcelo Ebrard sería el depositario del “voto útil” contra el PRI y contra el PAN. Pero todos saben que López Obrador tampoco conoce la grandeza política. Y claro, antes muerto, políticamente, que permitir una potencial victoria de Marcelo Ebrard.


         Por eso la añoranza. ¿Cuánta falta hacen hoy gigantes de la política mexicana como Heberto Castillo y Carlos Castillo Peraza?. En sendos gestos de grandeza, los dos dejaron el camino libre a los políticos que, en su tiempo, podían dar una pelea electoral digna. Se hicieron a un lado y hoy están en la historia.


         Si lo han olvidado, o si no lo saben, vale recordar que en los meses previos a la elección presidencial de 1988, un momentos históricos de la llamada izquierda mexicana --sin el que no se entiende el fenómeno electoral de Cárdenas y el nacimiento del PRD--, se produjo cuando en un gesto de grandeza del entonces candidato presidencial del PMT, Heberto Castillo, el científico declinó a favor de Cárdenas, lo que detonó el movimiento social que hoy se conoce como la izquierda mexicana.


         Pocos saben que Carlos Castillo Peraza se opuso con toda su fuerza a la candidatura presidencial de Vicente Fox. Pero cuando entendió que era el único capaz de ganarle al PRI, se hizo a un lado y nunca más habló del tema, hasta que lo alcanzó la muerte.


         ¿Dónde están, hoy, los gigantes de la política mexicana?. En la pradera solo se ven políticos chiquitos, medianos y mezquinos. Y ni modo, con esos bueyes nos tocó arar.


         EN EL CAMINO.
         Por cierto, en el PRI ya se arreglaron. Y hasta repartieron el pastel. Primero conoceremos el programa y luego se ratificará al candidato. ¿Se imaginan al senador Beltrones en una pelea verbal reclamando una encuesta para saber si el candidato será él o Peña Nieto?.

Tomado de Excelsior

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