Dicen los conocedores del ejercicio del poder que no existe nada más peligroso que un Presidente desesperado y/o enojado. ¿Por qué? Porque las mejores decisiones de un hombre de poder, de un estadista, son dictadas por la razón, no por la emoción.
Y viene a cuento el tema porque Felipe Calderón ha dado señales de ser un Presidente irritado, enojado, intolerante y hasta desesperado con sus colaboradores, con algunos periodistas y, en general, con aquellos que se atreven a criticar los resultados de su gestión. Una evidencia se produjo apenas el pasado martes, cuando en Guanajuato el Presidente censuró con severidad a quienes cuestionan los logros de su gobierno en materia de salud.






De acuerdo con el periódico La Razón, la delegación Cuauhtémoc en manos del perredista Agustín Torres, prácticamente rentó la calle General Miguel Alemán para que se instalen puestos de comercio ambulante.
En diversos medios se ha comenzado a perfilar el que seguramente se convertirá en el escándalo político de los próximos días.
En su momento, en este y otros espacios hablamos de la importancia y responsabilidad de los liderazgos sociales, siempre y cuando se mantengan al servicio y del lado del bando social.
A raíz de que dos de los últimos tres presidente de México –Felipe Calderón y Ernesto Zedillo –, se manifestaran en contra de la aparente inactividad de los Estados Unidos en el combate a las drogas, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, parece haber recibido el mensaje y se expresó al respecto.
En entrevista de televisión, el ex Presidente Ernesto Zedillo declaró que las políticas antidrogas en Estados Unidos han tenido "consecuencias desastrosas" en México.
Este domingo, el Presidente Felipe Calderón declaró –como no había hecho antes –, que "en diversa regiones del país, donde ha intervenido el Ejército mexicano, la violencia criminal ha comenzado a ceder".