Por Ricardo Alemán
A lo largo del sexenio de Felipe Calderón, una de las vergüenzas del segundo gobierno azul fue la alianza del PAN con el partido y el sindicato propiedad de la profesora Elba Esther Gordillo.
Esa alianza —que según la mitología electoral dio a Calderón los votos para derrotar a AMLO— fue pagada al clan de la señora Gordillo con una subsecretaría de la SEP; además de las direcciones del ISSSTE y la Lotería Nacional. Pero acaso el mayor pago fue la impunidad con la que actuó a lo largo de los gobiernos azules, esa suerte de mafia que son el SNTE y el Panal.
Es decir, que el más numeroso sindicato de burócratas en México, el magisterial, y su brazo político electoral, el Panal, no sólo han sido el mayor obstáculo para elevar el nivel de la educación pública en México, sino que se han convertido en una fuerza política que no rinde cuentas a nadie —de sus millonarios recursos públicos— y que se vende al mejor postor.
Por eso —y porque era mayor el costo que el beneficio de la alianza PAN-Panal-SNTE— los tres precandidatos azules en contienda declinaron ratificar la alianza del PAN con la profesora Gordillo; pacto que, por intolerable, rechazaron en todos los tonos, lo mismo la precandidata Josefina Vázquez Mota, que los precandidatos Santiago Creel y Ernesto Cordero.
Pero acaso lo más interesante sea saber que el PAN se negó a ratificar su alianza con la señora Gordillo, porque la lideresa del magisterio coqueteó de manera formal con una posible alianza con el PRD, PT y Convergencia. En realidad las pláticas llegaron lejos pero, al final —y luego de ponderar los inconvenientes—, el entonces precandidato presidencial, López Obrador, se negó rotundamente a un pacto entre la llamada izquierda con la señora Gordillo; alianza que sí aceptaba, por ejemplo, Marcelo Ebrard.
Al final de cuentas —y como todos saben—, el SNTE y el Panal de la señora Gordillo regresaron al redil del PRI y, junto con el PVEM, pactaron la poderosa alianza que empujará la candidatura de Enrique Peña Nieto, el presidenciable que debió entregar un alto tributo por el apoyo electoral de dos grupos mafiosos probados; el de la señora Gordillo y el del Niño Verde.
Y es que igual que el Panal, el partido familiar de Jorge Emilio González, el PVEM, es una franquicia electoral que, trienio tras trienio, elección tras elección, medra con el dinero público y el monopolio de las candidaturas a puestos de elección popular, para terminar por venderse al mejor postor. Claro, además de que el Partido Verde no le rinde cuentas a nadie, sobre todo luego de que es público el escandaloso enriquecimiento con dinero público de la parentela del Niño Verde.
De esa manera, la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto llevará como compañeros de viaje a los nada ejemplares partidos Verde y Nueva Alianza —y a sus impresentables líderes—, además de otras mafias del poder político, como la trasnochada organización clientelar y ejemplo de autoritarismo y antidemocracia llamada Antorcha Campesina; entre otros grupos que debían avergonzar a la democracia mexicana.
Pero si el PRI se convirtió en refugio de pillos y profesionales de la simulación política —como el PVEM, Panal, SNTE y Antorcha Campesina—, en el bando contrario, el de las izquierdas, el escenario es similar. ¿Qué diferencia existe entre la señora Gordillo, El Niño Verde y, por ejemplo, los líderes Alberto Anaya y Dante Delgado? ¿Qué diferencia existe, por ejemplo, entre los pillos que jefaturan Antorcha Campesina y los pillos que, junto con Martín Esparza, se adueñaron del SME?
Los dueños del Partido del Trabajo, de Convergencia, del Sindicato Mexicano de Electricistas —y de muchas otras franquicias sindicales y electoreras— vienen de la misma genética de la que surgieron el PVEM, el Panal, el SNTE y Antorcha Campesina. En los dos casos, esas ofensivas empresas familiares llamadas partidos Verde, Del Trabajo, Nueva Alianza y Convergencia son vividores de la política, verdaderas mafias del poder, igual que Antorcha Campesina y el SME.
La única diferencia es que unos están en el PRI y los otros se han robado el ideal de izquierda. ¿De verdad alguien sensato, con una pizca de honestidad, puede decir que el PRD, PT y Convergencia representan a la izquierda mexicana? Y claro, los fanáticos de un bando odian a los del otros bando, mientras que los del segundo odian a los del primero. Lo curioso es que en ninguno de los dos bandos de fanáticos quieren ver el tamaño del engaño y lo escandaloso de la desverguenza. Al tiempo.
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