Hace unos 11 años –meses más, meses menos –, el Chinchorrero estudiaba la secundaria.
Ustedes no están para saberlo, pero los padres del Chinchorrero creen en la educación pública. Por ello lo enviaron a un aula en que compartía las clases con otros 50 alumnos.
Uno de esos 50 alumnos –Liz –, le comentó al Chinchorrero que existía una serie de libros sobre lechuzas, magos y artes oscuras. En su momento, tanto el nombre como los contenidos de la serie entraron por la oreja izquierda del Chinchorrero y salieron por la derecha.
Con el tiempo, la mención de una película sobre la piedra filosofal y un tal Harry Potter, obligaron al Chinchorrero a volver al pasado y recordar lo que su compañerita le había comentado.
Al parecer, los libros –que en aquel entonces no se sabía si serían 7 u 8 –, habían inspirado una serie de películas. Y casualmente, la primera de esas películas estaba en una de las dos salas del único cine del pueblo de tres cuadras en que vivía el Chinchorrero.
Como suele pasar en todos los pueblos de tres cuadras, lo que proyectan en una de las dos salas del único cine, es el tema de casi cualquier sobremesa. Sin embargo, para cuando Harry Potter y la piedra Filosofal (2001) aterrizó en las salas de su pueblo, el Chinchorrero tenía toda la atención en uno de los más grandes amores de su vida.
Cuando la primera entrega del niño mago llamó la atención del Chinchorrero, éste sólo pensaba en anillos, hobbits y elfos.
Como buen puberto de 14 años, el Chinchorrero no concebía que hubiera más magia que la de Gandalf, que existieran más espejos encantados que el de Galadriel, o que hubiera otro señor tenebroso que no fuera Sauron.
Desde ese momento, el Chinchorrero encabezó una batalla contra todo aquel que se dijera fanático de Harry Potter. ¿Qué podría escribir una rubia inglesa que le sorprendiera, si el Chinchorrero dominaba la tierra media de Tolkien?
No obstante, una vez que el Chinchorrero llegó a la prepa, se dio cuenta que leer y defender El Señor de los Anillos no era tan "cool" como sentarse a platicar de un tal Sirius Black y del último partido de Quidditch.
El tiempo y la presión social hicieron su trabajo. Más tardó el Chinchorrero en comprar el primero de los cuatro libros publicados, que en matricularse como alumno honorario en Hogwarts y sentarse en el banquillo para que el sombrero seleccionador gritara "Ravenclaw".
Tan pronto el Chinchorrero terminó el primer capítulo de Harry Potter y la piedra filosofal –el niño que vivió –, decidió aceptar que los elfos además de hermosos e inmortales, podían ser esclavos escurridizos. El Chinchorrero no sólo hizo las pases con Harry Potter, además se puso la túnica y esperó puntual en la plataforma 9 y ¾ a que el tren de Hogwarts le regalara una nueva dosis de aventuras.
A unos cuantos días de que se estrene la octava y última película de Harry Potter, el Chinchorrero aprovecha este espacio para hablar de un fenómeno literario que trascendió las hojas y pantallas. Uno que catalizó una suerte de revolución social.
A casi 10 años del estreno de la primer película, El Chinchorrero no puede presumir una cicatriz en la frente, pero vaya que recuerda las clases en que los profesores no lograron romper el encanto de los dementores en el Prisionero de Azkaban.
Quizá el Chinchorrero es un fan tardío del mundo Potter, pero eso no le impidió imaginar el sabor de la cerveza de mantequilla y tampoco hizo más corta la espera de los libros 5, 6 y 7.
Posiblemente el Chinchorrero no es una Potter-enciclopedia andando, pero eso no redujo el miedo que sentía cuando leía de reojo que en los párrafos que seguían había un CRUCIO o peor aún, un AVADA KEDAVRA.
Si quien lee al Chinchorrero se dejó llevar por el torbellino Potter y alguna vez asistió a funciones de media noche, tuvo como página de inicio una especializada en rumores y avances; o acarició con ternura cada una de las páginas de las reliquias de la muerte, consciente de que luego de esas no habría más; entonces entenderá que el 15 de julio, como bien rezan los pósters... todo termina.
¿Qué puede hacer el Chinchorrero –otro muggle –, sino dedicarle unas cuantas letras a quien cubrió de fantasía a los tiempos en que la fantasía era cosa de niños?
Sólo por eso, esta andanza, la que sigue y la que vendrá después estarán dedicadas al niño que vivió.
La semana entrante el Chinchorrero recorrerá las 7 películas de Harry Potter y la andanza del 15 de julio será sobre la 8º y última entrega cinematográfica.
Bienvenidos al último viaje. ¿Se acuerdan qué hacían cuando vieron la primer película..? ¿Recuerdan dónde leyeron el primero de los siete libros?
Por lo pronto el Chinchorrero se despide con el recuerdo del momento en que le hablaron de la posibilidad de que hubiera una película por cada libro de Potter. En ese momento se dijo a sí mimo: "¿Te imaginas? para cuando salga la última, tendrás más de 20, ¡Qué horror..!"
Por andar jugando al Jude Law de Todos los hombres del rey (2006) el Chinchorrero no se ha dado tiempo de ir al cine.
Sin embargo, recurre a la biblioteca fílmica para invitar a sus lectores a que corran a su videoclub preferido y se lleven a casa una copia de Se dice de mí (2010) un nuevo placer culposo que llegó para tirar del pedestal a Linday Lohan y sus Chicas pesadas (2004).
Y antes de que lancen al Chinchorrero a la hoguera del olvido, sepan que hasta el más sangrón de los cinéfilos tiene un talón de aquiles. Algo que en música se traduciría en "hasta el más hipster bailó con las Spice Girls".
Por ello, el Chinchorrero apela a la capacidad de asombro de sus lectores y los invita a dar una oportunidad al delicioso cast que encabeza Emma Stone. Y es que el carisma de la nueva Gwen Stacy es capaz de llevar al espectador de las lágrimas a la carcajada en tan sólo unos segundos.
No lo duden, el Chinchorrero está seguro que pasarán un buen rato. De lo contrario, dense una vuelta por Twitter y manden sus quejas, sugerencias y apapachos a @Mr2D.
Plumas Invitadas - El Chinchorrero
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