Por Mario López Ahumada.El Chinchorrero está emproblemado.
Desde siempre, el que escribe ha sentido la necesidad de clasificar, categorizar y ordenar todo cuanto tiene al alcance; sus ideas, sus pertenencias, sus miedos y hasta sus amistades.
Por eso, tan pronto se enteró que en la próxima entrega de premios de la Academia –Óscares para los cuates –, habría nueve películas peleando el premio mayor; el Chinchorrero comenzó a diseñar estrategias para emparentar a las contendientes y lograr comprender la razón de ser de cada una de las nominadas.
Luego de un exhaustivo trabajo, el Chinchorrero finalmente pudo apretar las nueve películas en 3 grandes categorías...
En la primera aparecen los trabajos de Steven Spielberg, Martin Scorsese y Michel Hazanavicius. Este ecléctico grupo encuentra su razón de ser, en que tanto el Caballo de Guerra de Spielberg, como el Hugo de Scorsese y el Artista de Hazanavicius son –en distinto grado –, un ejercicio de reflexión y un llamado a la nostalgia cinematográfica.
Spielberg –quizá el menos reflexivo – regresó a su zona de confort y entregó un relato como los que contaba en sus gloriosos años ochenta y noventa. Caballo de guerra es una historia como las que ya casi nadie cuenta –y es que las audiencias no son las que eran –, por eso es muy probable que si el galope del equino hubiera llegado hace una década, hoy estaría consolidado entre los clásicos. Lástima, no fue así.
Martin Scorsese convirtió a las salas de cine en un foro de reflexión sobre el cine mismo. Con Hugo, el director logró –como hacía mucho no pasaba –, que los espectadores se sorprendieran y maravillaran con lo que veían en la pantalla. Y para rematar, Scorsese demostró que el uso de la tercera dimensión va más allá de "salpicar" al auditorio; de hecho –según Martin – el 3D podría convertirse en un recurso casi imperceptible pero vital a la hora de contar una historia. Scorsese deconstruyó la forma de hacer cine al echar mano de lo más básico y revestirlo con tecnología de punta.
Finalmente, Monsieur Hazanavicius llevó a la nostalgia y el regreso a lo básico un paso más allá. Este recién llegado analizó el auge y caída del cine mudo a través de una película –casi –, muda. En El Artista, el director, editor y guionista lanzó un suspiro por el cine que fue y dejó claro que, como todo, la industria cinematográfica evoluciona. y lo que hoy parece descabellado mañana podría ser parte de la rutina.
Hasta aquí la primer categoría que el Chinchorrero moteja como "los nostálgicos", tres directores que se valieron de la forma, el color y la astucia para llevar a las audiencias a un momento del cine que muchos habían dejado atrás.
En el lado opuesto, aparecen las películas de "avanzada". En este grupo se encuentran Moneyball, Historias Cruzadas y Extremadamente Fuerte e Increíblemente Cerca.
En los tres casos estamos ante temas cotidianos –muerte, engaño, deporte, ambición, inequidad, presión social, etc –, pero la riqueza de cada una es el tratamiento que reciben. Y es que al final, de eso se trata el cine, de contar historias que valgan la pena ser vistas.
Además, llama la atención el riesgo que corrió cada una de estas producciones al tocar puntos neurálgicos de la "americanidad" –béisbol, negros y el 11 de septiembre –, todos ellos asuntos sobre los que se ha dicho mucho. No obstante –y aquí es donde radica la valía de estas películas –, los equipos detrás de ellas supieron enriquecer y torcer la realidad a su favor, con lo que consolidaron tres historias peculiares de entre una selección de temas comunes y hasta trillados.
Finalmente, a la tercer categoría el Chinchorrero la llama "cine de autor", y es que en ella apretujó los trabajos de Alexander Payne, Woody Allen y Terrence Malick; cada una –en orden ascendente –, expone la madurez y la definición de un estilo de hacer cine.
En el primer caso, Payne mantiene su sello al abordar las crisis de "hombres de cierta edad", pero en esta ocasión –a diferencia de sus trabajos previos –, eligió un conflicto un tanto menos egoísta. Payne desmenuzó con una astucia excepcional, el dolor de un hombre ante la pérdida y el engaño, pero sin dejar de aleccionar a sus espectadores y de propinarles una dosis de su ya famoso "no todo va a estar bien pero las cosas no son del todo malas".
Por otro lado, Woody Allen relató otra historia de Woody Allen; con el humor de Woody Allen y con un Owen Wilson que emula a... sí, a Woody Allen. Probablemente el neoyorquino es de los pocos cineastas vivos que podrían presumir de haberse creado un subgénero propio –el WoodyAllenismo –, y con Media Noche en París se dio el lujo de mostrar una historia trastocadora, harto romántica y con un elenco espectacular. Y es que, como el Chinchorrero ha dicho a todo aquel que lo escucha, la más reciente producción de Woody es un derroche de ego tan "bonito" que seguramente a –casi –nadie molesta.
Y finalmente, el Árbol de la Vida de Malick es la encrucijada entre el talento, la experiencia, una mente creativa y un productor con bolsillos amplios. De las nueve películas, la de Malick es quizá la muestra más clara de los alcances de un "capricho" ya que sólo así se podría explicar este filme; como un capricho del director que ofreció un relato vago y a la vez preciso, que habla de todo y al mismo tiempo de nada, en el que además se narra la existencia entera y al final pocos tienen la certeza de que, en efecto, se hubiera contado algo (algo como lo que el Chinchorrero hizo en este párrafo, pero con mucho menos dinero, claro está).
De ese modo, a nueve días de que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas premie a una de estas nueve películas como "La Mejor del Año"; el Chinchorrero comparte su visión al respecto en espera de ofrecer un poco de luz a algún despistado que, como él, goce de catalogar, categorizar y ordenar hasta las bolsas del supermercado.
Pero eso no es todo, a nueve días de saber cuál de las nueve será "la mejor", el Chinchorrero ofrece nueve textos –uno cada día –, sobre cada una de las nominadas. Y es que, al final, la temporada de premios es el mejor pretexto para celebrar al cine... y qué mejor forma de hacerlo que hablar y escribir sobre él, ¿a poco no?
Plumas Invitadas - El Chinchorrero
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