Por Alejandro AlemánDir: Glen Ficara y John Requa
Esta historia la hemos visto muchas veces: el galán womanizera quien nada lo perturba y que siempre se queda con las chicas, alecciona al pobre perdedor que no sabe absolutamente nada sobre cómo ligarse a una chica. Al tiempo que se imparten las lecciones de seducción, el maestro conocerá a una mujer con la cual sus trucos no funcionan y –obvio- se enamora de verdad. Al final -¡qué misterio!- todo será felicidad.
La última vez que vi esta cinta se llamaba “Hitch”, el womanizer era Will Smith y el pobre loser era Kevin James. Hoy la cinta se llama “Crazy, Stupid, Love”, el mujeriego es Ryan Gosling (las chicas suspiran por su abdomen de six pack) y el perdedor es Steve Carell.
De entrada empezamos bien, Carell es mucho mejor perdedor que Kevin James y prefiero mil veces a Gosling que al insufrible Smith pero, ¿tiene algo realmente novedoso qué ofrecer esta nueva versión de una historia tan trillada?
El tono inicial de la cinta llama la atención, a diferencia de la mayoría de las comedias románticas de Hollywood esta inicia sombríamente. “¿Qué quieres de postre?” le pregunta Carell a su esposa (Julianne Moore), “Un divorcio” contesta ella, todo al final de una cena que pretendía ser romántica. Carell (haciendo un papel similar al de “Little Miss Sunshine”) cae en depresión y termina en un bar que nunca había visitado. Todos en el lugar son treintañeros con ánimos de ligue, pero él solo quiere tomar y platicar sus penas con el de la barra, lástima que esas cosas sólo pasan en las películas, en los antros de hoy en día al de la barra le importa un cacahuate tu vida.
Es ahí donde Gosling conoce a Carell, por lástima decide ayudarlo para convertirlo, básicamente, en una versión menor de él mismo: un mujeriego eficaz.
La chica que Gosling no podrá conquistar es una encantadora (como siempre) Emma Stone quien es feliz con su novio “godinez”, por lo que de plano no le hace caso al depredador Gosling… al menos no por ahora. Por si esto fuera poco, también hay todo un subplot respecto a un triángulo amoroso muy interesante: el hijo de Carell (un efectivo Jonah Bobo…así se llama) está enamorado de su niñera (Analeigh Tipton, toda una revelación) quien a su vez está obsesionada con otro hombre, pero cuyo amor es inconfesable e imposible.
Dirigida a cuatro manos por Glen Ficara y John Requa, la cinta resulta en un trabajo demasiado ambicioso (al menos para los estándares de Hollywood), que apuesta por montar personajes interesantes pero sin ser nunca del todo profundos. Sabemos que al final todo saldrá bien, pero la construcción de los personajes es tal que termina siendo relevante para el público saber cómo es que todos saldrán avante.
El problema es que al final, todo este circo de tantísimas pistas termina rompiendo el molde, de intentar ser una comedia apacible pero interesante, opta por una solución digna de “screwball comedy” para luego dar el golpe final con una escena cursi e innecesaria (el speechfinal de Carell en la escuela de su hijo), como si no supiéramos que el amor siempre triunfa en estas cintas.
Pero en fin, tal vez sea una genial impostura quejarse de que el final de una comedia romántica termine en cursilada pero lo siento, ellos tienen la culpa por intentar hacer algo diferente y terminar con el cliché de siempre. En todo caso los locos son ellos, no yo.
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