Por Luis Manuel ArellanoDicen que la palabra linchamiento tiene su origen en la actuación de un juez norteamericano de Virginia, llamado Charles Lynch, que en 1780 habría ordenado la ejecución de unos delincuentes sin juicio previo. Desde entonces el término se emplea para referir las acciones de "justicia" sin proceso judicial en contra de sospechosos, reos o delincuentes capturados in fraganti. Un rasgo que caracteriza esta violenta medida es que en ella participan muchas personas, sin que se identifique quién o quiénes inician la agresión.
En México, como en muchas partes de Latinoamérica, existe registro de linchamientos indígenas que anteceden a la Colonia. Sin embargo una vez instaurado el dominio hispano estas prácticas comunitarias tampoco desaparecieron; todo indica que se reforzaron con la aportación que la cultura española llevó al llamado nuevo continente. Desde esas fechas, que son también el inicio de nuestra historia regional, los linchamientos parecen haberse plasmado en el imaginario colectivo como medidas extremas y por ello "necesarias", sobre todo para meter orden, castigar delincuentes o exterminar amenazas externas sea por motivos de raza, credo, ideología o identidades sexo-genéricas. Para no ir muy lejos, este miércoles 18 de enero se presentó otro linchamiento en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México. La noción de que se puede castigar el mal, sin esperar a que lo haga la burocrática entidad que debería impartir justicia, subyace en la mente de muchos de estos anónimos jueces populares.
Este valor de enfrentar lo que se considera amenazante, extraño o incomprensible, es de alguna manera un elemento que debe considerarse frente a los linchamientos virtuales que las redes sociales han impulsado en los últimos dos años. El caso más reciente ya lo vivimos con el payaso Platanito y su insensible sentido del humor.
Sin embargo, comprender que los modernos linchamientos no son otra cosa que una versión moderna -sin por ello dejar de ser grotesca- de aquellos sentimientos comunitarios, debería llevarnos a reflexionar por qué y cómo es que se desarrollan. Me queda claro que mientras haya linchamientos dentro de la red ninguna propuesta reguladora tendrá efectos para contribuir, así, a la construcción de una internet madura que, por su propio comportamiento, rechace proyectos contenedores de la libertad como las leyes Sinde de España o el proyecto norteamericano conocido como SOPA.
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Plumas Invitadas - Luis Manuel Arellano
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