La detención de 22 manifestantes durante la trifulca del pasado 10 de junio en el centro de la Ciudad de México ha provocado todo tipo de reacciones.
Por un lado, los familiares, amigos y simpatizantes de la causa consideran que la autoridad reprimió a los jóvenes, que la policía llevó a cabo detenciones arbitrarias y que las libertades básicas –como la de expresión y manifestación–, fueron aplastadas por un Estado intolerante.
La noche del martes, el ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier, llegó a la Ciudad de México para, según él, aclarar los malos entendidos en torno a un supuesto desfalco durante su administración y de paso, limpiar su nombre.
En noviembre de 2012, un grupo de asociaciones antirracismo francesas demandó a Twitter luego de la aparición de los hashtags #unbuenjudío y #unjudíomuerto que aparecieron en octubre en la red.
El caso de Andrés Granier es un evento mediático que, como pocos, atraen la atención de muchos a causa de los frecuentes giros de tuerca.
A causa de un pervertido intento por honrar a los estudiantes muertos el 10 de junio de 1971 –durante el llamado halconazo–; las autoridades capitalinas y las federales se volvieron a enfrascar en una riña con un sector de la opinión pública.


