
En días pasados, desde la tribuna de la Comisión Permanente del Congreso, el senador Ricardo Monreal —ex priista, ex perredista y ahora perteneciente al PT— denunció "serias irregularidades" administrativas y excesos intolerables presuntamente cometidos por consejeros del Instituto Federal Electoral.
Entre muchas otras cosas, denunció un gasto ofensivo en hoteles, despilfarro y, sobre todo, acusó de la compra presuntamente irregular del inmueble marcado con el número oficial 434 de la calzada Acoxpa —Ex Hacienda Coapa, en la delegación de Tlalpan—, por un monto de 262 millones 900 mil pesos, cuyo costo habría sido abultado hasta niveles de escándalo.
Está claro que resulta difícil saber de quién es "la mano que mece la cuna" de la denuncia del senador Monreal. No está claro si tiene evidencias reales, si se trata de una denuncia legítima o si, por el contrario, su acusación es parte de una nueva embestida político-electoral contra el IFE. Y vale la duda, porque no es novedad que los grupos vinculados con AMLO tienen, en el desprestigio de las instituciones, uno de sus objetivos electorales para 2012.
Sin embargo, también es cierto que instituciones como el IFE no sólo intentan ser destruidas desde afuera, sino que las ambiciones sin límite, las torpezas sin control y los excesos desbordados —desde adentro del Instituto—, tienen a la institución en la picota de la opinión pública.
Y, si existen dudas, basta decir que una primera pesquisa sobre la compra del edificio de Acoxpa que costó al IFE y al dinero público la "bicoca" de 262 millones de pesos, arroja evidencias contundentes de que el escándalo va mucho más allá de un mero sobreprecio. En realidad existen señales de una sistemática depredación del IFE, que podría alcanzar niveles de verdadero escándalo. Pero vamos por partes.
Resulta que, en enero de 2010, el IFE adquirió el inmueble en cuestión, dizque para ahorrar los costos de una elevada renta. Y es que el edificio ya era rentado por el Instituto, pues en algunos de sus diez pisos instaló el servicio de monitoreo electoral. Como ya se dijo, la compra significó una erogación de 262 millones de pesos, cantidad que arrojó un avalúo realizado por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos. ¿Pero, qué creen?
Pues, nada, que la operación de compra-venta está plagada de fallas jurídicas e irregularidades legales —como se puede comprobar con una revisión elemental de la escritura, en poder de Itinerario Político—, al grado de que la compra del inmueble quedó registrada en la escritura pública, como si se tratara de una operación entre particulares y no de la compra de un bien que sería de la nación. ¿Por qué?
Pues casi nada, porque los responsables del área de adquisiciones del IFE nunca reportaron a las instancias respectivas, la compra —con dinero público y a nombre del Instituto— de una propiedad que —por eso— fue escriturada como si se tratara de una venta entre particulares. Es decir, que hoy, con esa escritura, un vivales puede vender sin mayores problemas el inmueble propiedad de la nación.
Y es que el responsable de la compra por parte del IFE nunca notificó de manera formal y legal —al notario público número 11 del DF, Carlos Durán, y a las instancias federales respectivas— que la compra del inmueble sería a favor del IFE y para incrementar su patrimonio inmobiliario. Pero, además, el inmueble en cuestión es parte de un condominio, lo cual está prohibido para efectos del patrimonio federal. Es decir, una propiedad de la Federación no puede estar en un condominio y menos bajo el régimen condominal.
Por esa razón, porque "los genios" del IFE compraron el inmueble como si se tratara de una compra entre particulares, se pagaron 12 millones de pesos en impuestos, lo que significa otra irregularidad, ya que la compra de inmuebles para el patrimonio de la nación no causa impuestos.
¿Que existe en el fondo? Está claro que se trata de una gravísima irregularidad en la adquisición de ese inmueble. ¿Cuántos inmuebles más como ése ha comprado el IFE? ¿Cuántos están en riesgo de ser vendidos por vividores y conocedores de la irregularidad, como si se tratara de inmuebles particulares? ¿Cómo es que nadie vio esas graves fallas? En suma, el IFE parece un nido de ratas.
Y una joya para entender lo que pasa. Resulta que el director de Recursos Materiales y Servicios del IFE se llama Armando Contreras León. ¿Pero cuál creen que es la especialidad que acredita su título de licenciatura? Sí, la de biólogo. Acaso por eso el IFE es un nido de ratas. Al tiempo.
Itinerario Político - Mayo 2011
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