Por Ricardo Alemán.
Resulta que no, que la promesa que hizo ante empresarios el propio Andrés Manuel López Obrador –de que si perdía la presidencial se retiraría a su rancho de descanso conocido como "La Chingada"–, tendrá que esperar para un mejor momento. ¿Por qué?.
Porque un renovado López Obrador –revitalizado por la segunda derrota presidencial al hilo–, mandó decir a sus leales, escuderos y generales, que no hagan cuentas alegres; que nada de pensar en el retiro, que va por su tercera candidatura presidencial y que, apenas iniciado el tres de julio, arrancaba la nueva guerra contra los mismos molinos de viento de 2006; contra el fraude, contra los medios, contra el IFE y... contra todo lo que se mueva, porque en el fraude habrían participaron hasta el espíritu santo.



