Por Alejandro Olmos.La investigación sobre la tragedia en Monterrey ocurrida el pasado 25 de agosto, cayó esta semana en el peor de los escenarios: la disputa partidista, la manipulación política y la confrontación entre autoridades. Políticos, partidos y servidores públicos parecen más interesados en sacar raja política, que en conocer las verdaderas causas de los hechos.
De no estar de por medio el drama de 52 deudos, a cuyas familias literalmente les cambió la vida, uno por lo menos podría reprocharles su falta de sensibilidad, pero lo que se vivió fue tan grave que debemos exigirles justicia, justicia y más justicia.
Preocupa por ejemplo, en el terreno político, la tibieza del gobernador priísta Rodrigo Medina ante el edil de Monterrey, el panista Fernando Larrazabal, por los presuntos actos de corrupción en los que habría participado el hermano de este último, Jonás. Mas allá de la disputa entre partidos, ¿qué no hay órganos de gobierno que obliguen a los funcionarios de un gobierno a rendir cuentas, sean del partido que sean?
Medina, por lo que hasta ahora se ha visto, parece más preocupado en salvaguardar su imagen, que en ir al fondo de lo sucedido. Su falta de firmeza y carácter lo hacen verse muy disminuido.
Pero ahí no terminan las cosas. Además de la pugna entre dos fuerzas políticas, en este caso se dirime otra más, de tipo interpartidista. El PAN emitió, hay que recordar, un acuerdo en su sesión de Comité Ejecutivo Nacional el pasado lunes, con dos resolutivos: solicitó a Larrazabal que pidiera licencia al cargo, en tanto continúan las investigaciones correspondientes, y se deslindó de la administración municipal, y ¿qué ocurrió? Nada.
En realidad si pasó algo: se comenzó a producir una comedia por episodios, con show de por medio, en la que Fernando Larrazabal por lo visto va a interpretar varios papeles, desde el político ingenuo que desconoce lo que hace su círculo más cercano, hasta el del edil carismático que observa cómo de manera espontánea se multiplican sus bases de apoyo.
Y no es que se considere que tan solo con un video y unas fotos difundidas por Reforma son suficientes para tumbar a un alcalde, pero lo verdaderamente increíble es que Larrazabal no haya tenido un discurso ni una estrategia capaz de contrarrestar la idea de que puede estar en contubernio con la delincuencia organizada.
Lo que raya aún más en el absurdo es la respuesta del edil en el sentido de que no pedirá licencia hasta consultar a la ciudadanía. Con una empresa que le hace sus encuestas bimestrales no es desmesurado aventurar el voto de apoyo para que se mantenga en el cargo que supuestamente le darán los regiomontanos.
Pero ahí no termina esta comedia de equívocos. Todavía anoche el líder del PAN en el Senado, José González Morfín, advertía que Larrazabal tendría que asumir las consecuencias de no pedir licencia. Es decir, el PAN quiere que haya un sacrificado para evitar que el costo político sea mayor rumbo al 2012.
Y en eso están partidos, políticos y autoridades, cada quien cuidando lo suyo, llevando agua a su molino y viendo quién se descuida para pasarle la factura del incendio en el Casino Royale, y mientras tanto ¿quién defiende a los deudos?, ¿quién les puede garantizar un mínimo acto de justicia?, ¿quién puede ayudarles a mitigar un poco el dolor que han padecido por la súbita pérdida de los suyos?
Por lo visto los políticos no aprendieron la lección de la guardería ABC en Sonora, cada quien se avienta la responsabilidades, más en un ánimo de protección que de genuino interés por entender el fenómeno que tiene atrapado a Monterrey un día así y otro también.
Por lo demás, urge redefinir los mecanismos de defensa de la ciudadanía porque ante los virreyes gobernadores o presidentes municipales -que manipulan a su antojo los intereses de la gente-, nadie puede hacer algo, y esto puede tener consecuencias insospechadas a corto y mediano plazo.
Ojalá que la miopía de los políticos no termine en ceguera absoluta. Las familias de las 52 personas fallecidas merecen algo más que consultas amañadas, y discursos de condolencia. ¿Alguien está dispuesto a ofrecerles un acto de real justicia?
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Plumas Invitadas - Alejandro Olmos
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