Por Alejandro OlmosCon un final anticlimático, se dio a conocer que Andrés Manuel López Obrador ganó la encuesta que le permitirá alcanzar la candidatura del PRD, PT y Movimiento Ciudadano a la presidencia de la República en el 2012. Así se esperaba. No fue una sorpresa.
Luego de conquistar la nominación, hizo diversas declaraciones cuyo eje fue hablar de su cambio, de su transformación. Adelantó, por ejemplo, que ya no va a referirse más a la mafia en el poder, ni al presidente ilegítimo.
Ante la hipótesis de que hay sectores clasemedieros que ya no estarán en esta ocasión con López Obrador, cabe preguntarnos y ahora ¿qué sigue?, ¿de verdad estamos en presencia de un candidato renovado, que aprendió de los errores del pasado?
Quizá sea muy pronto para averiguarlo, pero hay señales en su discurso que causan polémica. Enumero:
Uno. Su declaración en el noticiario de Carmen Aristegui, en el sentido de que ante el escenario de la candidatura única, en la que los partidos que lo apoyan no podrían utilizar las prerrogativas previstas en la ley, al no haber una precampaña como tal; buscaría darle la vuelta a la legislación por lo que propuso registrar a uno o varios candidatos alternos, que después renunciarían al cargo.
Eso sería una simulación, inquirió la periodista, a lo que AMLO contestó:
- No, porque el proceso sería abierto. Se podrían inscribir los presidentes de los tres partidos y se aclararía a la gente....
- Fíjate lo que estás diciendo, arremetió la conductora, para que puedas acceder a la radio y televisión en tiempos de precampaña y acceder a las prerrogativas, una posibilidad es que se registren los tres presidentes de los partidos como aspirantes a la candidatura presidencial y de antemano la gente sabría que no van a competir en realidad, pero todo para salvar el requisito legal.
-Que lo valoren políticamente, porque es injusto, alcanzó a decir el aspirante a la presidencia de la República.
Por más que plantee un proceso transparente, en realidad lo que propone es burlar la ley, a la vista de todos. Eso no es el mejor de los comienzos, máxime que ayer mismo se dio a conocer que el PT registró a su dirigente nacional Alberto Anaya con este propósito. La cultura de los "juanitos" se replica.
Dos. El discurso de la república amorosa no tiene un asidero concreto. Se trata de una mezcla de ideas que van de la crisis de valores, a la falta de oportunidades, pasando por las dificultades económicas en el país. Para AMLO si somos buenos, podemos ser felices.
El fortalecimiento de los valores a partir del amor a la familia, al prójimo, a la patria, difícilmente se puede lograr ante un entorno social, político, económico tan adverso. Dicho de otro modo su propuesta está descontextualizada de la realidad.
Aunque lo niegue, este planteamiento se acerca más a un discurso político-religioso, y ya se sabe que entre más alejadas estén ambas instituciones, es mejor.
Tres. Su insistencia en utilizar el nombre de su movimiento Morena, como parte de su estrategia electoral, cierra el círculo. AMLO en las más recientes entrevistas ha dicho que este nombre no guarda ninguna relación con la Virgen Morena, que salió sin querer, que no fue hecho a propósito.
Sin embargo llegó a admitir que una vez vio una encuesta relacionada con los símbolos que más se identifican con la gente, y resultó que el primer lugar lo ganó la Virgen de Guadalupe. Luego entonces, el nombre sí está utilizado con fines político electorales.
-¿Quisieras que cuando la gente piense en Morena, lo cuestionó Aristegui, piense en López Obrador y en la Virgen de Guadalupe?
Y aunque lo negó, todo hace suponer que sí. Más allá de lo polémico del personaje, preocupa el uso de los símbolos y la manipulación de estos en una campaña electoral.
El discurso de buenos y malos, podría equivaler en esta lógica al de católicos y no católicos, y si se escoge ese cambio se reeditará el ambiente de odios encontrados que prevaleció en la campaña del 2006. Si de verdad AMLO es autocrítico está a tiempo para desplegar una campaña más propositiva y de menos confrontación. La decisión está en sus manos.
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