Manlio Fabio Beltrones echó su cuarto de espadas: la reforma política.
Podemos estar de acuerdo total o parcialmente con ella. Puede pasar en la Cámara de Diputados o quedarse en la congeladora. Pero es un esfuerzo de honestidad política que mucho se agradece.
Se podrá argumentar que con esa reforma Beltrones quiere obtener la candidatura presidencial del PRI.
No sé si Beltrones piense que será el candidato presidencial priista, aunque en caso de que así fuera resulta encomiable que alguien busque puestos públicos a través de hechos acreditables, posibles de juzgar, y no de otra manera.
Beltrones cree en su reforma política. La cabildeó durante años. La lanzó y fue aprobada en el Senado.
Por tratarse de una reforma de gran calado, los diputados tendrán que estudiarla y tal vez enriquecerla o perfeccionarla.
Tal vez tome más tiempo del deseado, pero la reforma está echada. La suerte de Manlio, también.
Sea o no sea candidato presidencial, habrá dejado una huella importante: alguien que se tomó en serio su papel de Presidente del Senado.
De concretarse la reforma, se amplían los derechos ciudadanos y se fortalece al Presidente de la República. Ambos aspectos son positivos.
La facultad de iniciar leyes dejará de ser prerrogativa exclusiva del Legislativo y el Ejecutivo, y lo será también de la población.
Con un determinado número de firmas, los ciudadanos podrán presentar iniciativas de leyes ante el Congreso.
La consulta popular, una mixtura entre referéndum y plebiscito, hará obligatorio para el Legislativo el cumplimiento del mandato popular.
Con ello se fortalece también al Presidente en turno, que podrá presentar la solicitud de consulta ciudadana al Congreso, y en caso de que éste se la niegue podrá promoverla con sus simpatizantes ciudadanos.
Por ejemplo: un Presidente con amplio respaldo ciudadano pero sin mayoría en el Congreso, podrá promover una consulta directa sobre el tema que necesite impulsar.
Lo que le niegue el Congreso se lo puede dar la ciudadanía, y será de cumplimiento obligatorio.
Y cuando el Congreso se enrede en discusiones eternas, como en el caso de la apertura de Pemex, podrá convocar a consulta ciudadana.
Hay capítulos que, obviamente, no estarán sujetos a consulta: los temas electorales (tiempo de permanencia del Presidente en el cargo), fiscales y de seguridad nacional.
El Presidente tendrá derecho de veto en el Presupuesto. Hasta ahora lo tiene sobre las leyes aprobadas por ambas cámaras, pero como el Presupuesto lo votan únicamente los diputados, no podía vetarlo en caso de un choque en esa materia.
Las candidaturas independientes serán en todas las instancias de elección, no sólo en la Presidencia de la República.
Se puede estar de acuerdo en todos los puntos o sólo en algunos. O en ninguno. Pero ahí hay un trabajo serio para discutir. Sin desplantes ni retos al margen de la ley.
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