Por Jesús Silva-Herzog Márquez
La mayor tentación de la política es darle la espalda a la realidad. Ése es el error más común y también el más costoso del oficio. El político suele darse un lujo que ningún carpintero podría tomarse: negar lo que tiene enfrente. El carpintero que cierra los ojos termina con el clavo en la uña, el político que hace lo mismo pasa por visionario, por tenaz, por decidido. Tiendo a pensar que el político se engaña a sí mismo más frecuentemente de lo que nos engaña. Sí: con frecuencia disfraza, adorna, oculta la realidad para su beneficio. La mentira es moneda común de ese comercio. Pero creo que la primera trampa de la política es la trampa que el político se tiende involuntariamente a sí mismo. Ve lo que le complace, oye lo que lo halaga, descree de lo que lo impugna. La percepción del político se filtra normalmente con autoengaño.
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Posted by administrador
Jul 11, 2011